La tormenta y la oscuridad son de donde vengo. Pero el renacimiento ocurrió precisamente en el caos. Ocurrió en el mismo instante en que el ruido se calmó. Esto no significa que el caos haya desaparecido. No me convertí en alguien nuevo. Simplemente dejé de ser un extraño para mí mismo.

CÓDIGO DE LA MIRADA
Un Credo
Diario de viaje de Roman Adler
Esta no es una ley para todos. Es mi forma de no traicionar a la Vida.
I. SOBRE EL TIEMPO
El tiempo no es una moneda. Es el medio en el que vivimos. Pero en este medio hay momentos de despertar: el kairos, no el cronos. Un minuto pasado no se puede recomprar. Ni a Dios, ni al diablo.
La Regla: No entrego mi vida a quienes la devalúan sistemáticamente. Esto no es orgullo. Es cuidado. Guardo mi fuego para aquellos que están dispuestos a calentarse con él, no a apagarlo.
II. SOBRE LA MIRADA
La cámara no es una herramienta de fijación. Es una extensión de mi ojo y de mi alma.
No invento la realidad. La encuentro. Mi elección del encuadre, el ángulo y el momento es un acto de co-creación con ella. Y con este acto llega la responsabilidad.
Si no siento un alma en el encuadre, no pulso el disparador. Mejor una tarjeta de memoria vacía que una fotografía falsa.
La fotografía no crea significado. Solo permite que este se manifieste.
III. SOBRE EL SILENCIO
Elijo el silencio.
No mendigo atención. No comercio con mi dignidad.
Pero a veces el silencio se convierte en cómplice. A veces hay que hablar a plena voz para ser escuchado. La ira, una pregunta, la negativa a callar: esto también es parte del camino cuando se trata de lo que no se puede perder.
El estilo sirve al significado, y no al revés. La fidelidad a la esencia es más importante que la fidelidad a la forma.
IV. SOBRE LA DIGNIDAD
No me adapto a las expectativas. No uso máscaras para complacer a la multitud.
Mi profesión, mi poesía, mi vida: son un todo indivisible. No me divido en «cómodo» y «real».
Voy allí donde se arrancan las máscaras.
V. SOBRE EL CAMINO
No tengo el objetivo de «ser el mejor». Tengo una dirección, y esta dirección es mi elección.
Siembro semillas de memoria, dignidad y esperanza. No cosecho el fruto del dolor ajeno. La línea entre la explotación del sufrimiento y el testimonio del mismo es delgada. Solo la cruzo cuando mi mirada no arrebata la dignidad, sino que la reconoce.
No sé a dónde conducirá este camino. Pero sé cómo caminar por él. Con honestidad. Con lentitud. Con profundidad.






























